
Mucho más que costumbre: cómo la repetición automatiza nuestra atención
Una novedosa investigación indica que repetir una misma acción en un entorno estable crea hábitos en nuestra forma de mirar la información. Esto nos lleva a elegir en «piloto automático» e ignorar mejores alternativas, aunque un simple cambio de contexto es suficiente para despertar nuestra atención.
¿Alguna vez ha sentido que toma decisiones mecánicamente, casi sin pensar? Tradicionalmente se asume que los hábitos sólo afectan a las acciones físicas que realizamos de manera automática. Sin embargo, una investigación muestra que la repetición también modifica de forma progresiva la manera en que procesamos la información, reduciendo la atención que prestamos a nuevas opciones.
Este hallazgo es el eje del artículo de investigación «Attentional habits: how repetition shifts choices from rational to heuristic», presentado por uno de sus coautores, Omar David Pérez, académico del Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile, en el marco de un seminario académico del Departamento de Administración de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile.
El trabajo, desarrollado junto a Sebastian Muñoz, del Complex Engineering Systems Institute de Santiago, y Bastián Henríquez-Jara, del Departamento de Ingeniería Civil de la Universidad de Chile, profundiza en cómo pasamos de decisiones conscientes y racionales a elecciones rápidas y automáticas basadas en la costumbre.
Dos formas de decidir
Para entender el hallazgo, primero hay que distinguir dos maneras en que nuestro cerebro toma decisiones, tal como las define la literatura científica. Está el comportamiento goal-directed o model-based (orientado a metas): prospectivo, lento y consciente, que sopesa la utilidad esperada de cada alternativa antes de elegir. Y está el comportamiento habitual o model-free: mucho más rápido y automático, que evalúa las acciones según su valor en un estado o contexto determinado, sin detenerse a recalcular si siguen siendo la mejor opción.
Que los hábitos existan en nuestras acciones no es algo nuevo: se sabe que el entrenamiento repetido, las recompensas o la exposición constante a un mismo resultado pueden volver automático un comportamiento. Lo que este equipo de investigadores quiso explorar es un terreno menos estudiado: ¿le pasa lo mismo a nuestra atención? Es decir, ¿dejamos también de mirar activamente la información disponible cuando repetimos una y otra vez la misma decisión?
El experimento: ¿cómo medimos el «piloto automático»?
Para analizar este fenómeno, los investigadores diseñaron pruebas basadas en elecciones cotidianas (similares a las que tomamos al elegir productos o servicios en economía, marketing e ingeniería), en las que las opciones presentaban diferentes características o atributos.
El diseño contempló 100 ensayos de entrenamiento, seguidos de otros 50 ensayos después de una modificación del entorno, mediante un cambio en la disposición de las alternativas. De esta manera, los investigadores pudieron observar qué ocurría con los patrones de atención y decisión cuando las condiciones que las personas habían aprendido a reconocer dejaban de ser estables.
Los descubrimientos clave del estudio fueron:
- Fijación visual: a mayor entrenamiento y repetición, las personas tienden a concentrar su atención de manera fija en ciertos detalles y dejan de explorar activamente otros atributos disponibles.
- Inercia en la elección: esta rigidez visual provoca una mayor inercia a decidir siempre lo mismo, aumentando significativamente la probabilidad de mantener una elección mediocre o peor, simplemente por no prestar atención.
- Las preferencias no cambian, la atención sí: aquí está uno de los hallazgos más reveladores del estudio. Los investigadores midieron la disposición a pagar (WTP, por sus siglas en inglés) de los participantes por cada alternativa y esta se mantuvo prácticamente constante durante todo el experimento. En otras palabras, a la gente le seguía gustando lo mismo que antes; lo que cambió fue que dejó de fijarse en si existían opciones mejores.
- La repetición basta: se demostró que la formación de un hábito no requiere de premios o retroalimentaciones constantes; la sola repetición en un ambiente que permanece estable es suficiente para automatizar nuestra toma de decisiones. Seguimos eligiendo igual no por un cambio en nuestras preferencias, sino porque aprendimos a mirar la información de una única forma.
El poder de romper la rutina
Afortunadamente, este letargo mental no es permanente. Los autores identificaron que la estabilidad del entorno es la variable clave: cuando esta se rompe, la atención se reactiva. Al introducir un cambio contextual sencillo, las personas salen del modo automático de inmediato, vuelven a explorar activamente los atributos de las alternativas y disminuye su tendencia a quedarse con opciones que han empeorado.
Este trabajo amplía nuestra comprensión sobre los hábitos: estos no solo definen lo que hacemos, sino qué información decidimos observar y cuál dejamos de considerar. Los resultados sugieren que la repetición en ambientes estables puede desplazar progresivamente nuestras decisiones desde ese procesamiento racional hacia respuestas automáticas y heurísticas. Al final, entender nuestras decisiones diarias exige mirar el proceso de atención que ocurre en nuestros ojos mucho antes de dar el paso final y recordar que basta un pequeño cambio de contexto para volver a mirar con atención.















